Cuándo presentar concurso de acreedores y evitar responsabilidad

15/Jun/2026

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Prevenir hoy para evitar problemas mañana: cuándo presentar concurso de acreedores

Cuando una empresa empieza a tener dificultades económicas y deja de poder atender con normalidad sus pagos —proveedores, impuestos, nóminas, préstamos u otras obligaciones exigibles— puede encontrarse ante una situación de insolvencia empresarial.

En ese momento, actuar rápido no es solo una decisión prudente: puede ser una obligación legal. Saber cuándo presentar concurso de acreedores permite proteger a la empresa, ordenar la situación financiera y reducir el riesgo de que los administradores acaben respondiendo personalmente por las deudas.

La normativa concursal española establece que, cuando el deudor conoce o debería conocer que se encuentra en estado de insolvencia actual, debe solicitar el concurso de acreedores dentro del plazo legal correspondiente. No hacerlo a tiempo puede agravar la situación de la sociedad y generar consecuencias muy relevantes para sus administradores.

¿Qué significa estar en situación de insolvencia?

Una empresa está en situación de insolvencia cuando no puede cumplir regularmente sus obligaciones exigibles. Esto puede ocurrir, por ejemplo, cuando deja de pagar facturas vencidas, impuestos, cuotas de Seguridad Social, salarios, préstamos bancarios o compromisos esenciales para continuar su actividad.

La insolvencia no siempre aparece de golpe. En muchas ocasiones comienza con tensiones de tesorería, retrasos puntuales y refinanciaciones improvisadas. Sin embargo, cuando esos problemas dejan de ser temporales y la empresa ya no puede atender sus pagos de forma regular, es necesario analizar si existe obligación de presentar concurso de acreedores.

Plazo para presentar concurso de acreedores

Los administradores de una sociedad deben actuar con diligencia cuando detectan una situación de insolvencia. La regla general es que el concurso debe solicitarse en el plazo máximo de dos meses desde que se conoce, o se debería haber conocido, el estado de insolvencia actual.

Este plazo es especialmente importante porque marca la diferencia entre una actuación ordenada y una posible responsabilidad posterior. Esperar demasiado, seguir acumulando deudas o mantener artificialmente la actividad de la empresa puede perjudicar a acreedores, trabajadores y administraciones públicas.

Por eso, ante los primeros síntomas graves de insolvencia, lo recomendable es realizar un diagnóstico jurídico, contable y financiero de la sociedad.

¿Qué consecuencias tiene no presentar el concurso de acreedores a tiempo?

No presentar el concurso de acreedores dentro del plazo legal puede tener consecuencias importantes para la sociedad y para sus administradores.

El principal riesgo es que, si el concurso se solicita tarde y el juez considera que ese retraso ha agravado la insolvencia, el procedimiento pueda calificarse como concurso culpable.

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Responsabilidad personal de los administradores

La responsabilidad de los administradores en el concurso de acreedores es uno de los puntos más delicados. Si se entiende que no actuaron con la diligencia exigida, pueden enfrentarse a consecuencias personales muy severas.

Entre las principales consecuencias de un concurso culpable se encuentran:

  • Inhabilitación para administrar bienes ajenos o representar a otras personas durante un periodo que puede ir de 2 a 15 años.
  • Pérdida de determinados derechos que pudieran corresponderles como acreedores de la propia sociedad.
  • Obligación de indemnizar daños y perjuicios causados.
  • Posible condena a cubrir total o parcialmente el déficit concursal, cuando proceda.

Estas medidas buscan proteger a los acreedores y sancionar conductas que hayan contribuido a generar o agravar la insolvencia de la empresa.

El efecto “bola de nieve” de retrasar el concurso

Más allá del riesgo legal, retrasar la solicitud del concurso de acreedores suele provocar un efecto financiero muy perjudicial.

La empresa continúa operando, pero acumula deudas que ya sabe que no podrá pagar. Esto reduce las posibilidades de recuperación, dificulta cualquier negociación con acreedores y aumenta el riesgo de reclamaciones futuras.

En la práctica, cuanto más se retrasa la decisión, menos margen existe para buscar soluciones. Por eso, presentar el concurso a tiempo no debe verse necesariamente como el final de la empresa, sino como una herramienta para ordenar la situación y evitar daños mayores.

Derivación de responsabilidad por deudas con Hacienda y Seguridad Social

Además del procedimiento concursal, existe otro riesgo especialmente relevante para los administradores: la derivación de responsabilidad por deudas públicas.

La Agencia Tributaria y la Tesorería General de la Seguridad Social pueden reclamar directamente a los administradores determinadas deudas de la sociedad cuando consideran que no actuaron con la diligencia exigida para evitar el incumplimiento de obligaciones tributarias o de cotización. La Ley General Tributaria contempla supuestos de responsabilidad subsidiaria de administradores de hecho o de derecho cuando no hayan realizado los actos necesarios para el cumplimiento de obligaciones tributarias, hayan consentido incumplimientos o hayan adoptado acuerdos que los posibiliten.

Este tipo de responsabilidad puede exigirse incluso aunque no se haya declarado formalmente el concurso, siempre que la Administración acredite los presupuestos legales necesarios.

Por ello, las deudas con Hacienda y Seguridad Social deben analizarse con especial cuidado cuando una empresa atraviesa problemas de liquidez.

Las moratorias concursales no eliminan automáticamente la responsabilidad

En determinados periodos han existido medidas excepcionales o moratorias concursales. Sin embargo, estas situaciones no deben interpretarse como una protección absoluta para los administradores.

Aunque una moratoria pueda afectar al deber de solicitar concurso en un momento concreto, no elimina automáticamente la responsabilidad frente a Hacienda, Seguridad Social u otros acreedores si se han incumplido obligaciones legales o se ha actuado sin la diligencia exigible.

Por eso, incluso en contextos excepcionales, la empresa debe documentar sus decisiones, mantener la contabilidad actualizada y contar con asesoramiento especializado.

¿Cómo pueden evitarse estas consecuencias?

La mejor forma de evitar problemas personales para los administradores es actuar con anticipación. En situaciones de insolvencia empresarial, la pasividad suele ser el mayor riesgo.

1. Actuar a tiempo

La medida más importante es no esperar. Solicitar el concurso de acreedores dentro del plazo legal reduce significativamente el riesgo de que el concurso sea calificado como culpable.

También permite analizar alternativas antes de que la situación sea irreversible, como acuerdos con acreedores, refinanciaciones, planes de reestructuración o medidas de reorganización interna.

2. Mantener una contabilidad clara y actualizada

Una contabilidad ordenada es esencial para detectar problemas financieros con antelación y demostrar una gestión diligente.

Llevar los libros al día, conservar la documentación relevante y cumplir con las obligaciones formales puede ser decisivo en un procedimiento concursal, tributario o de derivación de responsabilidad.

3. Contar con asesoramiento concursal y tributario

El acompañamiento de abogados especializados en derecho concursal y tributario permite analizar la situación real de la empresa, valorar alternativas y evitar decisiones que puedan tener consecuencias personales graves.

No todas las empresas insolventes tienen la misma solución. En algunos casos será necesario presentar concurso; en otros, puede ser viable negociar con acreedores o estudiar mecanismos de reestructuración.

4. Colaborar durante el concurso

Si finalmente se inicia el procedimiento concursal, es fundamental colaborar de forma transparente con el administrador concursal y con el juzgado.

Una actitud proactiva, ordenada y de buena fe puede ser clave para valorar correctamente la actuación de los administradores.

Señales de alerta antes de presentar concurso de acreedores

Existen determinados indicadores que deberían llevar a una empresa a revisar urgentemente su situación:

  • Retrasos reiterados en el pago a proveedores.
  • Impagos de impuestos o cotizaciones sociales.
  • Dificultades para abonar nóminas.
  • Imposibilidad de renovar financiación.
  • Embargos o reclamaciones judiciales.
  • Pérdida continuada de liquidez.
  • Necesidad de endeudarse para pagar deuda vencida.

Si concurren varias de estas señales, conviene analizar cuanto antes si existe obligación de presentar concurso de acreedores.

Conclusión: presentar concurso de acreedores a tiempo marca la diferencia

No presentar el concurso de acreedores a tiempo puede tener consecuencias muy graves. El problema no se limita al cierre de la empresa: puede afectar directamente al patrimonio personal de sus administradores.

Actuar con diligencia, anticiparse a los problemas, mantener una contabilidad clara y apoyarse en asesoramiento profesional son las mejores herramientas para proteger la empresa y evitar riesgos innecesarios.

Si tu empresa atraviesa una situación de insolvencia o empieza a tener dificultades para atender sus pagos, es recomendable analizar el caso cuanto antes con abogados especialistas en concurso de acreedores y responsabilidad de administradores.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo hay que presentar concurso de acreedores?

Debe analizarse la presentación del concurso cuando la empresa no puede cumplir regularmente sus obligaciones exigibles, como pagos a proveedores, impuestos, nóminas, préstamos o cotizaciones sociales.

¿Qué plazo tienen los administradores para presentar concurso?

Con carácter general, el concurso debe solicitarse dentro de los dos meses siguientes desde que se conoce, o se debería conocer, el estado de insolvencia actual.

¿Qué pasa si no se presenta el concurso a tiempo?

Si el retraso agrava la insolvencia, el concurso puede calificarse como culpable. En ese caso, los administradores pueden enfrentarse a inhabilitación, pérdida de derechos, indemnizaciones o incluso responsabilidad patrimonial.

¿Puede Hacienda derivar responsabilidad al administrador?

Sí. La Agencia Tributaria puede derivar responsabilidad a administradores de hecho o de derecho en determinados supuestos previstos legalmente, especialmente cuando no se han adoptado las medidas necesarias para cumplir las obligaciones tributarias.

¿Presentar concurso significa cerrar la empresa?

No necesariamente. El concurso de acreedores es un procedimiento para ordenar la situación de insolvencia. Dependiendo del caso, puede permitir negociar con acreedores, reestructurar deuda o, si no hay viabilidad, liquidar de forma ordenada.

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